Me mudé hace un año a CDMX y esta ha sido mi experiencia
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Me mudé hace un año a CDMX y esta ha sido mi experiencia

Hace un año me mudé de GDL, donde viví toda mi vida, a CDMX. Probablemente no suene como un cambio muy grande, pero después de pasar 28 años en la misma ciudad, cerca de mi familia y de mi grupo de amigos, para mí sí fue un cambio importante. Fue una oportunidad que llegó y que sí o sí tenía que aprovechar, porque implicaba poder tener el trabajo de mis sueños, literalmente desde que era chiquita: trabajar en una revista.

La transición no fue difícil, si les soy sincera. Al contrario, fue algo que se sintió muy natural, algo que tenía que pasar. Yo ya me sentía lista para dar ese paso y tuve la suerte de contar con mucho apoyo de mi familia. Además, algunas amigas ya se habían mudado aquí años antes, así que no llegué sola; de hecho, mi roomie, Eliza, es una de mis mejores amigas de la universidad.

Sí fue abrumador, sobre todo, buscar departamento. Aunque, literalmente, el primero que vi fue en el que ahora vivo. Los papeleos, los temas legales y los pagos fueron cosas nuevas para mí, pero al mismo tiempo me hicieron sentir grande (yo, con 28 años, jaja).

Por eso todo se ha sentido tan bien. Pero claro que he tenido mis días tristes, sobre todo cuando pasan cosas importantes en GDL y no puedo estar ahí; cuando mis amigos se juntan y solo me toca ver las stories en Instagram, cuando es el cumpleaños de alguien cercano y recuerdo que siempre había estado presente, o cuando hay noticias y cambios en mi familia. Son muchas cosas que, al final, forman parte de los sacrificios que uno hace al mudarse a otra ciudad. Pero no es una queja, porque tengo la suerte de estar a un vuelo de una hora de casa.

Lo que más me emocionaba de mudarme era tener un nuevo espacio que decorar, un espacio mío, salir a conocer todos esos lugares que tengo en mi lista infinita y empezar esta vida independiente que imaginaba desde chiquita. Incluso todo lo cotidiano me emocionaba: ir al súper, hacerme de comer, poder invitar a mis amigas a cenar, ir a la oficina y conocer personas nuevas.

Muchos de mis amigos me decían: “Ay no, yo nunca podría vivir en la CDMX. Me encanta ir unos días, pero no podría vivir ahí”. Y la verdad es que puedo decir que la ciudad no es para todos. Es intensa, siempre está pasando algo, hay mucho tráfico y mucha gente. Pero, como mi amiga Lulu —que lleva nueve años viviendo aquí— me dijo una vez: “Si vienes con los brazos abiertos a esta ciudad, la ciudad te regresa cosas lindas”. Y eso es completamente verdad.

Es una ciudad que nunca deja de sorprenderme. Antes de mudarme ya había venido varias veces de visita, a conciertos o simplemente a pasar unos días, y siempre me encontraba con algo nuevo: una historia, una persona o un lugar distinto. Y ahora que vivo aquí, eso no ha cambiado.

Yo le diría a cualquier persona que esté pensando en mudarse a otra ciudad que lo haga. Es una de las experiencias que más te hacen crecer, de ver el mundo desde otra perspectiva y de valorar muchas cosas que antes no. Te hace más responsable, te reta, te obliga a salir, a conocer, a crear nuevos vínculos; y todos esos cambios, para mí, siempre serán positivos.

Ha sido un año súper especial. Crecí en mi carrera profesional y como persona, conocí a personas increíbles y he viajado más que nunca. Y si este año ha sido tan bonito, también es gracias a las personas que me acompañaron: Eliza, Arantxa, Lulu, Mack, Pau, mi familia y todo el team de InStyle. Han hecho de esta experiencia una de las más lindas de mi vida.

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