El desfile de Jonathan Anderson en Dior fue *chef’s kiss*
Moda

El desfile de Jonathan Anderson en Dior fue *chef’s kiss*

Ya habíamos visto el take de Jonathan Anderson en menswear y su visión en Haute Couture, pero faltaba lo más esperado: su colección de mujeres para Dior. Y valió totalmente la espera. Si algo quedó claro en este desfile es que estamos oficialmente entrando en una nueva era de Dior. Una que se siente romántica, parisina y ligeramente irreverente. Una que entiende la historia de la maison, pero no le tiene miedo a verla con ojos nuevos.

El desfile de Jonathan Anderson en Dior fue *chef’s kiss*

El significado de esta colección

Desde que empezaron los sneak peeks del icónico Jardin des Tuileries, sabíamos que algo venía por ahí. La invitación al desfile eran mini versiones de las clásicas sillas verdes del parque.

En un clip de conversación con Bella Freud, Anderson explicó que para él, Tuileries es París. Y confesó que siempre se siente como turista en esta ciudad, agregando que ser turista no es algo negativo. Es mirar con asombro. Es notar detalles que otros ya dan por hecho. Es enamorarte de lo que alguien más ve como cotidiano.

Y aquí la metáfora perfecta: el mismo Anderson llegó a Dior como turista; no como el creador original de la casa, sino como alguien que la admira profundamente. Su mirada no es la de quien construyó la historia, sino la de quien la respeta y ve cosas que tal vez otros ya dan por hecho.

Un recap de la colección

Pregunta importante: ¿qué es más París que Monet? Para una persona parisina, quizá Claude Monet es parte del paisaje cotidiano. Pero para un turista (y para Anderson), los nenúfares, el agua, los jardines y la luz son el corazón de la ciudad. En su debut couture con temática de jardín en enero ya había dejado pistas. Ahora, en womenswear, mezcló lo floral y lo acuático con una destreza que honestamente hubiera hecho sentir orgulloso a Monet.

El primer look lo dijo todo: una minifalda inflada con una cola, casi como medusa flotando, combinada con un cardigan brillante ligeramente peplum. El icónico Bar jacket apareció en versión recortada, muchas veces acompañado de faldas con volumen tipo pouf. La parte superior se veía sobria y estructurada; la inferior, romántica y casi onírica. Como las flores en el agua: superficie tranquila, profundidad inesperada.

También vimos esa conexión que Anderson ya había explorado en menswear: siluetas con un toque andrógino, diálogo entre lo femenino y lo masculino, piezas que podrían vivir en ambos clósets sin problema. Es Dior, pero con una conversación contemporánea sobre género y forma.

Obvio, los accesorios se robaron toda la atención, como Anderson sabe hacerlo: clutches en forma de cacahuate, la Lady Dior con asa superior y mini moños, pumps de polka dots y los water lily heels verdes que sin duda son nuestros favoritos.

Entonces… ¿aprobado?

Más que aprobado. Esta colección fue todo lo que soñábamos y más. Jonathan Anderson entendió que Dior no necesita ser reinventado desde cero. Necesita ser observado con ojos frescos. Su aproximación “de turista” no resta, suma. Añade curiosidad, romanticismo y una sensación de redescubrimiento. Si esto es solo el inicio de su era en Dior, prepárense.

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