Red flags de Piscis que todos notan… menos ellos
Astrología

Red flags de Piscis que todos notan… menos ellos

Si estás leyendo esto es porque amas a un Piscis… o eres Piscis y ya te estás preparando para decir “yo no soy así” mientras sigues leyendo. Porque sí, siempre hablamos de lo sensibles, románticos y mágicos que son: los poetas del zodiaco. Pero, con tal de no hacerlos llorar, casi nadie se atreve a hablar de su lado más caótico.

Y lo vamos a decir con cariño, porque si algo tenemos claro es que sus red flags no nacen del ego… nacen de sentir absolutamente todo al triple.

Nadie quiere decirlo, pero estas son las red flags de Piscis

Cambios de humor sin previo aviso

Con Piscis nunca sabes qué versión te va a tocar. Puede que estén en el mejor humor en años y, de la nada, hagan un pequeño switch. Y lo más impactante es que el cambio puede suceder en cuestión de horas. Despertó feliz, te mandó memes, te dijo que te extraña. Tres horas después, está callado, distante y procesando algo que tú ni notaste. ¿Qué pasó? A veces… nada concreto. Solo una emoción que cambió.

Piscis vive conectado a su mundo interno 24/7. Si algo se mueve ahí adentro, todo cambia afuera. El problema es que muchas veces no comunica ese cambio en tiempo real. Entonces tú sientes que la vibra bajó, pero no sabes por qué.

Hacen drama de lo más pequeño

Esta es la clásica. Un minuto están hablando como si nada y, al siguiente, le respondiste “ok” en vez de “okiiii” y ya siente que algo cambió en la energía. Piscis tiene una habilidad impresionante para conectar puntos invisibles. Un mensaje más corto, un tono diferente, un plan movido… y su mente ya escribió un drama completo.

No lo hacen para pelear. De hecho, muchas veces ni siquiera te dicen que están sintiendo algo. Solo se ponen raros. Pero por dentro ya hay una mini tormenta emocional que empezó con algo pequeñísimo.

Silencio dramático

Cuando algo le molesta, Piscis no siempre lo confronta directo. No es de los que dicen “oye, eso me incomodó” en el momento. Más bien procesa, siente, sobrepiensa… y mientras tanto, se queda callado.

Pueden pasar meses (ok, años dramáticamente hablando) sin decirte que algo les dolió. Y ese mismo silencio solo los tortura más. Porque mientras tú ya ni te acuerdas, ellos siguen dándole vueltas en su cabeza.

El tema es que muchas veces tienes que sacarles a la fuerza lo que sienten. Preguntar tres veces, insistir, leer entre líneas. Y sí, eso puede cansar y hasta frustrar, porque parece que están guardando secretos innecesarios.

Pero la verdad es que no siempre es estrategia. Muchas veces ni ellos saben exactamente qué están sintiendo. Solo saben que algo se movió adentro y necesitan tiempo para entenderlo. Se meten en su mundo interior, bajan la cortina emocional y ahí se quedan un rato.

Mentalidad de víctima (aunque no siempre se den cuenta)

Piscis siente profundo, eso ya lo sabemos. Pero cuando algo sale mal, puede costarle muchísimo tomar responsabilidad. Sin darse cuenta, a veces tuerce la narrativa para quedar como la parte más herida de la historia.

No siempre es manipulación consciente, pero sí puede caer en el “todo me pasa a mí” o en reinterpretar lo que ocurrió para proteger su corazón. Y claro, si siempre termina siendo la víctima, es difícil que vea qué pudo haber hecho diferente.

Problemas con límites

Piscis y los límites tienen una relación complicada. Son típicos: o dejan que la gente abuse de su confianza o se vuelven intensamente dependientes cuando se sienten seguros.

Puede querer saber dónde estás, qué haces, con quién estás. Y si la relación avanza, puede instalarse en tu vida (y en tu casa) con una confianza nivel “ya vivimos juntos”, aunque apenas estén empezando. Les cuesta encontrar el balance entre cercanía sana y fusión total. Porque cuando aman, se mezclan. Y a veces olvidan que cada quien sigue siendo una persona aparte.

Expectativas irreales

Piscis no se enamora solo de ti. Se enamora del potencial, de la historia que imagina, de lo que podríamos ser. Proyecta una versión soñada de la relación y empieza a vivir ahí. El problema es que cuando la realidad no coincide con esa fantasía, llega la decepción. Y no porque tú prometieras algo, sino porque en su cabeza ya existía un ideal perfecto. Esto puede hacer que le cueste comprometerse desde un lugar aterrizado. Porque está buscando que la relación se sienta como en su película interna.

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