Marty Supreme ha sido el tema de conversación del año. No solo porque podría ser la película que por fin le dé a Timothée Chalamet su Oscar, sino por un marketing tan intenso que convirtió una hoodie en objeto de culto, puso a Timothée parado sobre la Sphere de Las Vegas y logró que medio internet (incluyendo a Kylie Jenner) se vistiera de naranja.
Pero lo verdaderamente impresionante viene cuando te enteras de todo lo que pasó detrás. Desde años de entrenamiento obsesivo hasta una historia real que parece inventada y una forma de filmar que rompe todas las reglas. Estos fun facts no solo hacen la película más interesante, la vuelven legendaria.
Todo lo que no sabías de Marty Supreme
Timothée Chalamet entrenó ping-pong durante siete años
Esto no fue un “me preparo unos meses y listo”. Timothée se tomó Marty Supreme como un proyecto de vida. Durante una aparición en The Tonight Show with Jimmy Fallon, el actor explicó que su preparación comenzó en 2018, cuando tuvo su primera reunión con Josh Safdie para hablar de la película.
Desde ese momento, el ping-pong dejó de ser un deporte y se convirtió en una rutina diaria. Literalmente viajaba con una mesa a todos lados: tenía una en su departamento de Nueva York durante la pandemia, otra en Londres mientras filmaba Wonka, una más en Budapest y Jordania durante Dune: Part Two, y hasta una en Abu Dhabi. Incluso en el Festival de Cannes, mientras presentaba The French Dispatch, tenía una mesa de ping-pong esperándolo.
Safdie llevó la preparación a otro nivel al sumar como entrenadores a Diego Schaaf y Wei Wang, ex olímpico y uno de los grandes nombres del tenis de mesa. Ambos no solo pulieron la técnica de Timothée, sino que también fueron asesores técnicos en el set.
Y por si eso no fuera suficiente, todo esto sucedía al mismo tiempo que Timothée aprendía a cantar y tocar guitarra para interpretar a Bob Dylan para A Complete UnKnown.

La película está inspirada en una historia real
Marty Supreme está inspirada libremente en la vida de Marty Reisman, una leyenda del ping-pong neoyorquino que convirtió un deporte subestimado en puro espectáculo. Apodado “The Needle” por su físico delgado, Reisman fue showman, apostador y atleta desde niño. Nació en Nueva York en 1930 y contó su historia en su libro The Money Player.
Su talento lo llevó a ganar campeonatos desde adolescente (fue campeón nacional juvenil en 1946 y 1947) y a sumar títulos importantes en dobles y singles. A los 67 años hizo historia al convertirse en el campeón nacional más longevo en un deporte de raqueta. Para Reisman, el ping-pong fue más que un juego: fue terapia. De niño lidió con ansiedad severa y encontró en la mesa y la raqueta su escape, algo que contó en entrevistas con Forbes. Pronto empezó a “hustlear” partidas por dinero y a conquistar escenarios con exhibiciones cada vez más creativas.
Igual que en la peli trabajó brevemente como vendedor de zapatos y luego vivió casi siempre de su talento: giró con los Harlem Globetrotters, apareció en Late Night with David Letterman y se hizo famoso por trucos imposibles, como partir un cigarro con la pelota. Ganó y perdió fortunas (llegó a ser millonario tres veces) y mantuvo siempre una actitud provocadora ante la competencia.
Murió en 2012 a los 82 años; su legado, contado por The New York Times, sigue siendo el de un genio irreverente.

El marketing es obra del mismo genio detrás de Brat
Si sentiste que la promoción de Marty Supreme parecía más el rollout de un álbum que el de una película, no estás imaginando cosas. El creativo detrás de la campaña es Aidan Zamiri, el mismo responsable del lanzamiento de Brat.
Ambas campañas comparten un ADN clarísimo: un color dominante que se vuelve identidad, acciones de guerrilla imposibles de ignorar, pop-ups virales (como el famoso Brat Wall o el blimp de Marty Supreme) y la participación estratégica de otras figuras y celebs para amplificar el impacto.
Timothée Chalamet entendió perfectamente el juego. Trató este press tour como si fuera el lanzamiento de un álbum, rodeándose de creativos que dominan internet, cultura pop y timing. ¿El resultado? Dos campañas consecutivas que tomaron el control absoluto de la conversación digital. No es exagerado decir que Aidan Zamiri está redefiniendo cómo se vende cultura hoy.
No se filmó como una película tradicional
Para Josh Safdie, el cine no se planea para sentirse cómodo. Al contrario: se construye desde la tensión, la incertidumbre y esa sensación de no tener el control total. En Marty Supreme, Safdie decidió no darle a Timothée Chalamet un mapa claro del personaje. No quería que “actuara” un arco narrativo, sino que lo fuera descubriendo sobre la marcha, como alguien que vive acelerado, improvisando y apostando todo sin saber cuál será el siguiente golpe.
Por eso la preparación de Timothée fue mucho más que técnica. Aprender ping-pong era apenas el inicio: el verdadero reto fue incorporarlo a su rutina diaria, entrenar hasta el agotamiento y llegar al set con el cuerpo realmente cansado, tenso y exigido. La idea era que la presión no se interpretara, sino que se sintiera.
El rodaje siguió esa misma lógica. Nada de sets controlados ni silencios perfectos: se filmó en espacios reales, con ruido ambiente, interrupciones constantes y gente alrededor. Los actores tenían que adaptarse en tiempo real, reaccionar al caos y mantenerse en movimiento.
Esa energía se traslada directo a la edición. La película avanza sin pausas, con escenas que empujan hacia adelante, cortes ágiles y un ritmo que no da respiro.
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