Todo el mundo sabe quién fue William Shakespeare. Lo citamos sin darnos cuenta, lo sufrimos en la escuela y lo admiramos como una figura casi intocable. Pero rara vez pensamos en el Shakespeare humano. Hamnet, la novela de Maggie O’Farrell y su adaptación a la pantalla dirigida por Chloé Zhao, nos lleva al lado más íntimo y doloroso del dramaturgo más famoso de todos los tiempos.
Porque sí, antes de ser el Bardo, Shakespeare fue esposo, padre y un hombre que vivió una pérdida devastadora.

¿Quién era Agnes Hathaway?
Durante siglos, la esposa de Shakespeare fue reducida a una nota al pie. Su nombre aparece como Anne, Ann o Agnes Hathaway —algo completamente normal en una época sin ortografía estandarizada—, pero O’Farrell decide llamarla Agnes, que era el nombre escrito en el testamento de su padre, aunque la historia se ha ido por llamarla Anne.
Agnes nació en 1556, creció en los alrededores de Stratford-upon-Avon y se casó con William en 1582. Ella tenía 26 años; él, apenas 18. En ese momento ella ya estaba embarazada de su primera hija, Susanna.
Durante años, se construyó la narrativa de que Shakespeare se “escapó” de un matrimonio infeliz para irse a Londres. Pero hoy muchos historiadores coinciden en que eso es una lectura muy moderna. En el siglo XVI, que un hombre trabajara lejos de casa por largos periodos era completamente normal.
De hecho, cuando Shakespeare tuvo éxito económico, regresó a Stratford, compró New Place (la casa más grande del pueblo) y se retiró ahí con su familia. No suena precisamente a alguien huyendo de su vida doméstica.

Hamnet, el único hijo de Shakespeare
Shakespeare y Agnes tuvieron tres hijos. La mayor fue Susanna, nacida en 1583. Dos años después llegaron los gemelos: Judith y Hamnet. Él fue el único hijo varón del matrimonio, y también el que menos tiempo estuvo en este mundo.
Hamnet murió en 1596, a los 11 años, y fue enterrado en Holy Trinity Church, en Stratford-upon-Avon. Los registros no indican la causa de su muerte, algo habitual en documentos de la época. Sin embargo, muchos historiadores creen que pudo haber sido víctima de la peste bubónica, que azotó Inglaterra con brotes frecuentes y letales.
En la novela y la película, O’Farrell transforma esta incertidumbre histórica en un relato profundamente simbólico. La enfermedad entra a la casa y todo apunta a que Judith, la gemela más frágil desde el nacimiento, será la que no sobreviva. Pero en un giro casi mágico (y totalmente devastador), Hamnet ocupa su lugar. A la mañana siguiente, Judith despierta. Hamnet no.
No es un hecho documentado, pero sí una metáfora poderosa sobre el amor entre hermanos y el sacrificio. Y sobre cómo la pérdida puede sentirse como un intercambio imposible de entender.

¿Hamnet inspiró Hamlet?
Sí, todas hemos estado un poco confundidas con el nombre de esta peli. Incluso ha habido bromas al respecto, con mucha gente preguntándose si Hamnet no fue simplemente una confusión entre Hamnet y Hamlet. No hay una prueba definitiva que lo confirme, pero la conexión es demasiado fuerte como para ignorarla.
En la Inglaterra isabelina, los nombres Hamnet y Hamlet se usaban de forma intercambiable, y Hamlet fue escrita apenas unos años después de la muerte del niño. Además, la obra gira en torno al duelo, la locura, la ausencia y las relaciones entre padres e hijos, temas que claramente resuenan con esa pérdida.
Los académicos coinciden en que Shakespeare se inspiró en muchas fuentes —desde tragedias de venganza isabelinas hasta clásicos griegos—, pero también reconocen que la muerte de un hijo pudo haber dejado una huella profunda en su escritura. Como señala Maggie O’Farrell, no es poca cosa darle el nombre de tu hijo muerto a un héroe trágico. Incluso si nunca sabremos exactamente qué significó para Shakespeare, el gesto sigue siendo enorme.
Algunos estudiosos creen que la pérdida de Hamnet también se refleja en otras piezas de Shakespeare. En Twelfth Night, por ejemplo, una hermana cree haber perdido a su hermano gemelo. En King John, una madre pronuncia uno de los monólogos más desgarradores sobre la muerte de un hijo.
No es que Shakespeare escribiera autobiografía directa, pero en sus obras se puede ver el impacto que la muerte de Hamnet tuvo en él.

Lo que pasó después
Hamnet no llegó a crecer, pero la vida siguió —como suele hacerlo— para quienes se quedan. Sus hermanas sí alcanzaron la adultez y construyeron sus propios caminos. Susanna, la mayor, se casó en 1607 con John Hall, un médico respetado en Stratford, y llevó una vida relativamente estable. Judith, la gemela de Hamnet, se casó en 1616, el mismo año en que murió su padre
Shakespeare murió ese mismo año, en abril de 1616, a los 52 años, apenas un mes después de firmar su testamento y, según los registros, en “perfecta salud”. Agnes lo sobrevivió siete años más, hasta 1623. No sabemos cómo vivió ese tiempo, ni cómo procesó la pérdida de su hijo y luego la de su esposo. No quedaron diarios, cartas íntimas ni grandes declaraciones de amor que expliquen lo que sentían.
Lo que sí quedó fueron las obras. Y como Hamnet nos recuerda, a veces eso es más que suficiente para conectar los puntos que la historia dejó en blanco.
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