London Fashion Week tuvo un poco de todo: regresos importantes, diseñadores jugando con los códigos que los hicieron reconocibles y una buena dosis de la ciudad en su versión más creativa y hasta dramática. Después de cinco días de desfiles, presentaciones y algunos momentos que definitivamente terminaron en nuestro moodboard, hay varios shows que se nos quedaron en la cabeza.
Entre el regreso de McQueen a su ciudad de origen, la nueva etapa de Mulberry con Christopher Kane y Simone Rocha que llevó su romanticismo a un lugar mucho más íntimo, estos son los mejores shows de London Fashion Week que vale la pena recordar.
Los shows que se quedaron con nuestra atención
Alexander McQueen
Después de varios años presentando sus colecciones fuera de Londres, McQueen regresó a la ciudad donde nació la maison y el momento se sintió muy especial. Para Spring/Summer 2027, Seán McGirr volvió hacia el ADN londinense de la casa, con referencias a algunos de los momentos más reconocibles de Alexander McQueen, incluyendo los cuernos de Plato’s Atlantis y los arneses de joyería creados junto a Shaun Leane.
La colección encontró ese punto en el que lo oscuro, lo teatral y lo sexy pueden mezclarse sin que nada se sienta demasiado pensado. Londres tenía sentido para esta colección, y verlo de regreso en el calendario oficial después de 25 años hizo que el show tuviera todavía más peso.



Simone Rocha
Simone Rocha encontró inspiración en The Taking of Christ, la pintura perdida de Caravaggio, y llevó esa referencia a su propio universo de romance, dramatismo y sensualidad. La colección juega con una feminidad mucho más física: vestidos de encaje que abrazan el cuerpo, transparencias, detalles escultóricos y siluetas que parecen estar entre la devoción y la provocación.
Rocha tiene esa habilidad de hacer que lo delicado nunca se sienta ingenuo, y esta vez volvió a demostrarlo con una colección que parece salida de una pintura antigua, pero completamente consciente de su propio poder.



KNWLS
Si alguien entiende cómo hacer que una prenda parezca estar a medio camino entre ponerse y quitarse, son Charlotte Knowles y Alexandre Arsenault. Para esta colección, KNWLS tomó literalmente ese momento de indecisión frente al clóset y lo convirtió en ropa.
Faldas envolventes hechas a partir de gabardinas, tank tops de jersey, encaje desgarrado y prendas que parecían estar desarmándose aparecieron sostenidas por estructuras casi invisibles. Todo esto en una paleta que incluyó rosa, verde agua, morado y azul cielo y que contrasta con las siluetas mucho más atrevidas. Es messy, pero con muchísimo trabajo detrás.



Harris Reed
Harris Reed decidió quitarle un poco de color a su universo para dejar que la construcción de las prendas hablara por sí sola. Y funcionó.
Blanco, ivory y plata dominaron una colección llena de satén, seda, bordados y siluetas arquitectónicas. Los corsés se extendieron hacia los hombros, las caderas se exageraron y algunos vestidos parecían estar construidos alrededor del cuerpo en lugar de simplemente vestirlo. Después de cinco años en el calendario oficial de Londres, dejó claro que el drama no siempre se trata de una paleta explosiva.



Erdem
Erdem Moralıoğlu encontró inspiración en una figura que quizá no esperábamos ver en una colección de la casa: Barbette, el artista estadounidense de los años 20 que actuaba en el trapecio vestido como mujer y después regresaba al escenario como hombre.
Esa historia se convirtió en una colección donde las fronteras entre lo masculino y lo femenino prácticamente desaparecieron. Frock coats junto a vestidos transparentes, pantalones de satén con briefs bordados y una mezcla de códigos que hacía que cada look pareciera estar jugando con la idea de quién puede usar qué.



Mulberry
Christopher Kane regresó a las pasarelas con una responsabilidad bastante grande: tomar las riendas creativas de Mulberry, una de las firmas más reconocibles de la moda británica, y presentar su primera colección desde que asumió el puesto.
Su propuesta se centró en el archivo de la casa, pero sin quedarse atrapada ahí. El cuero fue protagonista, aparecieron cut-outs geométricos y regresó el icónico cierre Postman Lock, esta vez convertido también en detalle de cinturones y zapatos. La broderie anglaise hizo referencia a una colección de 1975 y, en general, el resultado consiguió sentirse muy Mulberry sin parecer una repetición de su pasado.



Burberry
Burberry cerró London Fashion Week con uno de esos shows que tienen suficientes elementos para convertirse en conversación durante mucho tiempo. Daniel Lee colaboró con la artista textil británica Celia Birtwell, conocida por sus estampados que definieron buena parte de la estética de los años 60 y 70.
Los trench coats, por supuesto, estuvieron ahí, pero aparecieron arrugados, intervenidos y acompañados de flores bordadas, gingham, rayas y siluetas mucho más relajadas. Incluso hubo sneakers gastados y prendas con ese efecto de haber vivido una historia antes de llegar a la pasarela. Y como si eso no fuera suficiente, Central Cee apareció caminando el show.



Después de cinco días, Londres deja una idea bastante clara: la moda británica no necesita decidir entre su archivo y lo que viene después. Puede tomar ambos, mezclarlos un poquito y salir con algo que se sienta diferente.
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