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El Ghee es uno de los principales ingredientes en la cocina hindú. Es mantequilla clarificada de color casi dorado, consistente y su sabor es ligeramente ahumado, con un ligero sabor a nuez, también conocida como el “oro líquido”.

Es fuente de vitaminas K2, A y E; minerales como zinc, calcio, cromo, fósforo, y grasas saturadas, por lo que te da mucha energía durante el día. El ghee tiene muchos beneficios para la salud por lo que no es solo es un alimento más, sino que también se utiliza en los tratamientos de la medicina Ayurvédica (medicina tradicional de la India) ya que refuerza el sistema inmune, favorecer la digestión al lubrica el tracto intestinal previniendo el estreñimiento, puede aplicarse como una crema para las quemaduras y también mejora la piel muy seca. Se puede además utilizar para nutrir las puntas del pelo que tienden a resecarse o para los labios secos.

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El ghee se obtiene al calentar la mantequilla sin sal (originariamente se obtiene de la mantequilla de leche de búfala, sin embargo hoy en día es común también obtenerla de la leche de vaca), durante largo tiempo y a fuego lento hasta que se evapora el agua de la leche, y la mayoría azúcares y proteínas se van apartando, con el fin de dejar únicamente la grasa, que se purifique. Por lo que es ideal para quienes son intolerantes a la lactosa.

Si llevas una dieta vegana o vegetariana es recomendable consumirla, pero si tienes un alto consumo de carne y quesos no es tan recomendable su consumo porque son alimentos altos en grasa saturada y al final del día el ghee también. El problema de consumir grandes cantidades de este tipo de grasa (especialmente para las personas que tienen ya problemas de triglicéridos y colesterol) es que puede favorecer el desarrollo de alguna enfermedad cardiovascular, por lo que es preferible consumirla en pequeñas porciones ya que esta grasa llega a inflamar si se consume en altas cantidades.