Ilustración por Rodrigo Osornio

“Bien” es la respuesta que daba —casi por inercia— cuando alguien me preguntaba “¿Cómo estás?”. Pero ¿realmente me sentía bien? ¿O era solo un forma de evitar preguntas incómodas que quizá ni yo misma sabía responder?.

Fue hasta el día que realmente me sentí BIEN, cuando me di cuenta que antes no lo estaba. Me había acostumbrado a vivir con gastritis, colitis, dolores de cabeza y un sinfín de problemas de salud que se volvieron algo cotidiano en mi vida, hasta el punto de cargar con una dosis de pastillas en mi bolsa para cada malestar o vestirme con ropa holgada y así estar cómoda en el momento en que mi vientre empezara a inflamarse.

Pero el bienestar no llegó de un día para otro y en realidad fue el resultado de una serie de factores que no planee pero que me hicieron darme cuenta de lo mal que me sentía antes. Todo empezó el día que el equipo de Nike México me invitó a un reto que consistía en cuatro meses de preparación para correr medio maratón… lo primero que pensé fue “claro que no, no puedo correr ni un minuto sin parar ¿cómo voy a aguantar medio maratón?”. Pero después me explicaron que habría todo un equipo de expertos ayudándome en el proceso y decidí darle una oportunidad, aunque creía firmemente que el verdadero reto era para ellos, que tendrían que hacer correr a una persona que lo más deportista que había hecho en su vida era tomar un par de clases de yoga y pilates.

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El primer golpe de realidad vino cuando tuve mi primera sesión con la health coach, quien me dijo que –aunque estaba baja de peso– me faltaba desarrollar músculo, así que creó un plan alimenticio rico en proteína, vegetales y muy poco de mis cosas favoritas en el mundo: pan, pasta y básicamente todo lo que contenga grasas saturadas. Este plan no solo se convirtió en mi pesadilla por varias semanas, también fue el responsable de todo tipo de comentarios de parte de algunas personas cercanas: “¿Dieta, tú?” “Estás muy flaca, no alucines”, “¿Para qué?”, “Ya te hicieron coco wash”… Pero decidí ignorarlos y cuando empecé a seguirlo, noté que mis malestares empezaron a disminuir, ya no me despertaba cada mañana con colitis, ni me inflaba como un globo después de comer.

Además, también empecé a sentirme con más energía, creía que despertarme temprano iba a ser imposible pero con mis primeras “victorias” (empezando por correr 5 minutos sin parar, luego un kilómetro, entre otros baby steps) mis ganas de superar mis propios récords se volvieron más grandes que mis ganas de dormir 5 minutos más.

Ojo: No pretendo decir que correr es fácil, la verdad es que después de cuatro meses de empezar desde cero, hasta la fecha sigo luchando contra mí misma cada vez que empiezo a correr. Por más que ponga la música a todo volumen y trate de olvidarme de todo, los primeros quince minutos siguen siendo los más difíciles, quiero detenerme, me da comezón, me duelen los tobillos, mi respiración se agita demasiado… PERO SIGO, porque sé que todo es mental y que solo yo tengo el poder para callar esas voces en mi cabeza que quieren que me detenga… y que después de esos 15 o 20 minutos de lucha mental, vendrá una sobredosis de energía y podré aumentar la velocidad, bailar cuando empiece mi power song y al final sentiré una explosión de endorfinas en todo mi cuerpo al llegar a mi meta, no importa si son 5, 10, 15 o, en unos días, 21 kilómetros.

En un par de días estaré haciendo algo que nunca en mi vida me habría imaginado: correr medio maratón. Mi corazón se acelera cada vez que me imagino dando la primera zancada o llegando a la meta y también se me hace un nudo en la garganta cuando pienso en todo lo que ha sucedido en los últimos cuatro meses de mi vida y sobretodo, en cómo me he sorprendido a mi misma y he hecho cosas que jamás imaginé que podría. Esta experiencia me ha enseñado a creer en mí, a darme cuenta que mi bienestar y mi salud mental está en mis manos y que debo dejar de decir “no puedo” hasta no haberlo intentarlo.

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Si Alma y todo el equipo de Nike no hubieran creído en mí, no estaría escribiendo esto… agradezco a la vida por haber alineado todo y darme esta increíble oportunidad que me ha enseñado a quererme, respetarme y nunca detenerme. También quiero hacer una mención especial a mi compañero de vida y de running, Rodrigo, quien ha sido mi soporte, mi motor y mi mayor inspiración en cada etapa de este proceso, como en todo lo demás. A mi familia y mis work buddies, que no han dejado de motivarme desde el día uno. A mis coaches Erick, Beto, Raquel, y a todo mi running crew que me enseñó que correr en equipo es más divertido y me inspira a no rendirme nunca.