¿Te ha pasado? Inicias con una dieta para bajar de peso y por más que la hagas al pie de la letra, sólo bajas si acaso unos cuantos gramos por semana. Si tu estilo de vida es ajetreado, acelerado y estresante, es posible que sea el estrés mismo el que te esté dificultando cuidar tu peso.

Muchos mecanismos que tenemos inherentes en el inconsciente son un vestigio de nuestros ancestros primitivos y su necesidad de supervivencia. El estrés es uno de ellos y es una respuesta hormonal.

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Originalmente, los humanos nos estresábamos ante el hecho de no conseguir alimento (recuerda que éramos nómadas cazadores-recolectores). Esta situación desencadenaba un aumento en la hormona “cortisol”. La grasa es el tejido encargado del almacén de energía para emergencias y el cortisol hará lo imposible para mantener esa energía de reserva siempre presente, sin importar que ello signifique sacrificar otros tejidos.

El trabajo, la escuela, dormir poco y el tráfico nos provocan la misma respuesta de estrés, sólo que esta vez no tenemos problema con conseguir alimentos. Por lo tanto, el cortisol hará difícil utilizar las reservas de energía presentes en la grasa, mientras éstas siguen incorporando nueva energía proveniente de la dieta.

Para bajar los niveles de cortisol, no se te vaya a ocurrir dejar de comer. Al contrario, come de manera fraccionada: tres comidas principales y dos colaciones.

Lo que debes hacer es empezar a tomarte momentos durante el día para relajarte. Prueba realizar ejercicios de respiración con frecuencia, al menos una vez cada hora. Sólo te tomará 5 minutos y puedes hasta incluir un poco de meditación y movimientos sencillos de yoga.

También aprovecha tu tiempo libre para realizar actividades que disfrutes, como pintar, bailar, correr, tocar algún instrumento o leer un buen libro. Desocupa tu mente lo más que puedas de las preocupaciones que la aquejan. Piensa que todos los problemas tienen solución y que no siempre dependen de ti.