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Es muy fácil dejarse llevar por el diseño y declaraciones en etiquetas de empaques de alimentos y bebidas. Sin embargo, a veces son engañosas y nos hacen creer que cierto producto nos dará un beneficio a la salud si lo consumimos.

Aquí te presento una lista de los engaños más comunes que los alimentos y bebidas industrializadas suelen hacer en sus etiquetas:

“Te ayudará a…”

Los alimentos no son medicamentos. Si bien se sabe que existen productos que de manera natural contienen antioxidantes y otras sustancias que podrían aportarte un beneficio a tu salud, como la avena, el chocolate o el nopal, la Ley General de Salud estipula que en el nombre del producto, la marca y/o el logotipo no se les debe hacer alusión. Así que si ves un paquete de avena cuya marca es un corazoncito o un lácteo fermentado que tenga por nombre algo con la palabra “digestión”, te están haciendo creer que sólo su producto da ese beneficio o que tiene una mayor cantidad del antioxidante que otros.

“Sin azúcar”

Muchos alimentos contienen de manera natural azúcar, como las frutas o la leche. Declarar en la etiqueta que un producto derivado de estos no tiene azúcar es incorrecto, pues basta revisar la información nutrimental para comprobar que no es cierto. Lo correcto sería declarar que “no tiene azúcares añadidos”, pues entonces se da a entender que el producto no tiene más que el original. En otras ocasiones, la etiqueta dice que el producto es “sin azúcar”, pero la realidad es que contiene dextrosa, maltosa o jarabe de maíz de alta fructosa, que finalmente son otra forma del azúcar convencional.

“Orgánico”

La moda en los alimentos y bebidas es lo “orgánico”, pues hay preocupación por el medio ambiente y la salud. Sin embargo, hay que tener cuidado con los productos que en su etiqueta se declaren como orgánicos si no cuentan con un sello oficial, ya sea de la USDA o de la SAGARPA. ¿Cómo nos consta que sí lo son?

“Sólo X calorías por porción”

En pro de la lucha contra la epidemia de obesidad que aqueja a la población, se han reducido el tamaño de productos para que no aporten más de cierta cantidad de calorías. Aunque uno reduce su ingestión de energía, no revisamos de dónde provienen dichas calorías. Por ejemplo, una latita de refresco aporta sólo 100, ¡pero son de pura azúcar!

Además, ciertos envases suelen contener más de una porción y creemos que lo que declara la etiqueta aplica para todo.

¡No te dejes engañar! Revisa bien tus etiquetas para elegir los mejores alimentos y bebidas para una dieta saludable.