Si tienes gato y has tenido perro, o viceversa, te habrás dado cuenta que ambos animales tienen gustos muy diferentes a la hora de comer, y mientras el canino se come hasta tus zapatos, literal, el gato no come cualquier cosa, podrá estar hambriento, pero si no le apetece lo que ve en su plato, te mirará con desdén y se dará la media vuelta.

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Algunos expertos han tratado de encontrarle el sentido a este tipo de conductas y coinciden en que los gatos, como son animales con un instinto depredador muy agudo, se sienten seguros en la parte alimentaria, por lo que pueden darse el gusto de despreciar aquella comida que no les satisface, pues saben que pueden cazar y darse tremendo banquete con ratón, pájaro, lagartija o cualquier otro eslabón de la cadena alimenticia que se encuentren a su paso, cosa que no sucede con los perros.

Otra de las posibles razones es que estos pequeños felinos tienen problemas con las texturas debido a que sus dientes pueden desgarrarse o romperse y prefieren comida húmeda.

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No obstante, algunas investigaciones sugieren que las razones para que los gatos rechacen ciertos alimentos son genéticas.

 

De acuerdo a un estudio de 2005, la revista PLOS / Genetic publicó que, al parecer los mininos carecen de la papilas gustativas que detectan lo dulce, y sus papilas para sabores amargos son mucho más sensibles, incluso que las de los humanos.

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Por otra parte, los gatos han desarrollado una preferencia general por la proteína, que es esencial para su salud, por lo que tampoco les interesan los carbohidratos.