En invierno, una densa neblina cubre la vista hacia las montañas nevadas de Charlevoix, que en verano se llenan de vegetación creando una postal absolutamente contrastante. Cercana a Quebec, esta ciudad se ha convertido en el sitio de escape y descanso de la agitada vida citadina gracias a su atmósfera de tranquilidad y contacto con la naturaleza.

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La mejor manera de conocer Charlevoix es sobre un tren que atraviesa las faldas rocosas de las montañas, cubiertas por la brisa marina que llega desde las cercanas costas.

Recorriendo una ruta escénica de 125 kilómetros desde Quebec hasta La Malbaie, el tren ofrece siete paradas en distintos escenarios rurales y naturales. Paseando junto al río St. Lawrence, el camino descubre dramáticos acantilados y costas abiertas que cambian drásticamente con el paso de los meses.

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Si buscas conocer a profundidad la región, opta por el viaje completo y descubre las coloridas calles de Baie-Saint-Paul, pasea descalza por la playa de Saint-Irénée y camina por la marina de Saint-Joseph-de-la-Rive. Baja del tren en las estaciones de senderismo y recorre los caminos a pie o en bicicleta de montaña, disponibles para renta.

Sin importar la temporada, la ruta ofrece una experiencia de inmersión en un paisaje siempre cambiante desde las cálidas cabinas de un tren clásico y elegante que ofrece, también, un recorrido gastronómico.

Chocolates, terrinos y distintos platillos típicos de la región complementan el viaje para abrir por completo la ventana hacia el día a día de los habitantes de Charlevoix.