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Creo que todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por algún momento crucial donde tenemos que hacer una pausa y hacer un análisis introspectivo de nuestras vidas.

Pues a mi me llegó en un momento donde todo iba “viento en popa” en mi vida … soltera, un buen trabajo, familia y amigos increíbles que me apoyaba en las buenas, malas y pésimas decisiones de mi vida.

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Había logrado pagar mi primer coche, mudarme a un departamento completamente sola, no tenía ninguna deuda, había logrado quitarme de encima aquellas relaciones tóxicas que me rodeaban… simplemente había logrado lograr la independencia emocional y financiera (finally!). En fin… la vie en rose ¿no?

Pues cuando el rush del día acaba y te encuentras a solas teniendo casi todo lo “socialmente correcto”, a nada de alcanzar el tercer piso y sigues sin sentirte plena… empiezas a pensar : ¿Qué carambas estoy haciendo mal? ¿Será la crisis veinteañera? ¿Así será toda mi vida?

Y obviamente no ayuda para nada la presión social tratándonos de convencer que una gran parte de nuestros objetivos en la vida como mujer es encontrar al “príncipe azul” y vivir el happily ever after. ¿En verdad tenía que seguir pensando que mi felicidad debería depender de alguien más?

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Me sentía un poco culpable de haber alcanzado todos los objetivos que me había planteado en algún momento de mi vida y sentirme así, creo que esa es una de las razones; simplemente los años pasan: reímos…lloramos, nos enamoramos… nos desenamoramos, experimentamos nuevas cosas…nos frustamos, nos caemos… nos levantamos. Y eso es justo lo que terminé identificando, conforme pasan los años y experimentamos diferentes situaciones en nuestras vidas sean personales o profesionales nuestras necesidades, sueños y objetivos cambian. Y ahí es cuando tenemos que hacer una pausa y replantearnos todo por completo.

En mi caso sabía que era momento de hacer una pausa, y hacer un cambio RADICAL lo antes posible y todo esto dependía de mí.

¿Por dónde empezar?

Necesitaba saber qué quería hacer, en dónde cuándo, y cómo. En mi caso todo empezó cuando abrí mi Facebook y me salió un recuerdo de hace años que había estado viviendo una corta temporada en Francia, y simplemente recordé lo feliz que era cuando estaba ahí… (Las razones por las cuales regresé es otra historia. En resumen: mezcla de juventud, ingenuidad y malas decisiones de pareja jaja). Y pues bueno, me dije a mi misma: ¿Por qué no regresar?.

Y así empezó todo. Me di a la tarea de investigar todas las opciones que tenía para poderme ir, los recursos con los que contaba y a partir de ahí seleccione la opción que mejor se acoplaba a mí. Sin pensarlo dos veces hice la cita en la embajada, y esto inconscientemente me empujó a simplemente hacerlo.

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¡Es ahora o nunca!

Esta frase fue una gran motivación desde el día uno me empujaba a seguir con esta aventura, y un gran plus para mi fue tener personas clave que me motivaron a hacerlo. ¡Rodéate de esa gente!.

Dane Deaner

Renunciar a todo e irse…

Aquí es donde los sentimientos encontrados te hacen pensar todo una y otra vez, pero si estás completamente segura de tu decisión, créeme que pasarán a términos secundarios.

El desapego… Fácil de decir, difícil de poner en práctica.

¿Estás segura de poder dejar absolutamente todo?¿Tú familia, amigos, tu coche, departamento, el 80% de tu clóset, y meter toda tu vida en dos maletas de 23kg? Esa fue una pregunta que me atormentaba, y no estaba segura de si podía o no, y la respuesta fue: SÍ SE PUEDE.

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No es fácil

Previo y durante y post es un proceso mental exhaustiv Si estás pensando en emprender una aventura parecida, te puedo asegurar que no es nada fácil y vas a escuchar miles de: “No vas a aguantar”, “estás loca”, “piénsalo dos veces”, “¿sola?”.

Llegar a un nuevo país sola, con una cultura completamente diferente donde ni siquiera el idioma es el mismo, créeme que es difícil. Hay días donde titubeas haber tomado la decisión correcta pero al final todo depende de la actitud con la que decides enfrentarlo.

Al parecer, hoy en día estamos más acostumbrados al “no se puede”, “está muy difícil” y salir de nuestra zona de confort es simplemente aterrorizante.

Pues ¿te digo algo? Sí se puede y sí somos capaces de lograrlo. Y créanme que vale la pena, simplemente es cuestión de decidirse y hacerlo.

Por: Lucy Ortega
@metropoliandcouture