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Son muchas las razones por las cuales una podría decidir volverse vegetariana: por salud, estar contra la crueldad hacia los animales, por cuidado del medio ambiente ─puesto que la producción de carne contamina muchísimo─, o simplemente por gusto.

Lo más seguro es que el día que decidas iniciar con una dieta vegetariana, tu mamá o tu abuelita se van a parar de pestañas y tratarán de convencerte de no hacerlo. Les preocupa que te vayas a desnutrir. ¡Calma todas! Una dieta vegetariana es tan saludable ─e inclusive más─ que una dieta normal.

Debes saber que existen varios grados de vegetarianismo, unos más estrictos que otros e involucrando aspectos más espirituales. Esta ocasión sólo hablaremos de los dos más comunes:

1. Ovo-lacto-vegetarianismo: se consume huevo y/o lácteos (quesos, leche, yogurt). El riesgo de presentar alguna deficiencia nutricional es nulo. Sigues consumiendo proteína de origen animal, que es la de mejor calidad biológica. También por ello estás asegurando una ingestión adecuada de vitamina B12 y hierro en su forma digerible, los cuales sólo se encuentran en productos de origen animal.

El chiste con este vegetarianismo es el tipo y las cantidades de estos alimentos. No quieras sustituir un filete Rib Eye por un pedazo de queso del mismo tamaño. Procura elegir lácteos descremados o light. Prefiere consumir únicamente las claras del huevo y complementa tus platillos con fuentes de proteína vegetal, como soya, frijoles, lentejas, nueces y semillas.

2. Vegetarianismo estricto o veganismo: no se puede consumir absolutamente ningún producto de origen animal (¡ni siquiera miel de abeja!). El riesgo de una deficiencia nutricional es mayor si no sabemos de nutrición. No comer alimentos de origen animal no significa que no podamos obtener proteínas de calidad. Éstas se forman de unidades llamadas “aminoácidos” y existen 20 diferentes, los cuales podemos encontrarlos en su totalidad en alimentos de origen animal pero no así en cereales (arroz, maíz, trigo, avena) y leguminosas (soya, frijol, lenteja). El secreto es combinar los dos últimos porque los aminoácidos que le hacen falta a unos los encontraremos en los otros.
Para obtener hierro de fuentes vegetales, como la espinaca y demás hortalizas de hoja verde, agrégale jugo de limón o vinagre. La acidez cambiará la molécula de hierro a su estado digerible, como lo encontramos en la carne. La vitamina B12 será necesario suplementarla, pues proviene únicamente de alimentos de origen animal.
Acude con una nutrióloga de confianza si decides que este tipo de alimentación es para ti, de modo que puedas estructurar tu nueva dieta y que no te falte ningún nutrimento.