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No es un secreto el gran amor que la reina Isabel tiene por sus peculiares perros de raza Corgi. Sin embargo, estos pequeños han hecho pasar vergüenza en más de una ocasión a la monarca y peor aun, la han herido al grado de necesitar una sutura.

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De acuerdo con Vanity Fair España, la monarca ya sabía que sus mascotas tenían un pequeño problema con su comportamiento, sobre todo con su manera de morder los tobillos de los empleados de la Casa Real, así que en una ocasión en 1988 la reina acudió con un etólogo, digamos que una especie de psicólogo veterinario para que la ayudará con este problema.

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Entre sus víctimas predilectas se encontraban el relojero real que en una ocasión terminó en la enfermería; un policía del servicio de Londres que tuvo la mala fortuna de cruzarse en el paseo de las criaturitas y por supuesto, el cartero que se disponía a entregar un paquete. Tras todos esos sucesos, el político escocés, Peter Doig pidió a la Casa Real que colocara en la puerta del castillo un letrero que dijera “Cuidado con el perro”.

No obstante, al parecer el etólogo no funcionó lo suficiente y es que unos años después la reina también fue su víctima. Todo ocurrió cuando la matriarca intentó poner fin a una pelear entre sus seis corgis, pero cuando trataba de separarlos, uno de ellos la mordió de tal manera que requirió tres puntos de sutura en la mano izquierda.

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Después de este hecho, la reina no entendió la lección y en 2006 volvió a ser mordida pero ahora en la mano derecha. En esa ocasión tuvo que ser atendida por un médico que le suministró una vacuna contra el tétanos. De hecho, esa herida quedo prácticamente a la vista de todos, y es que, poco después de ello, la monarca celebró su cumpleaños número 80 y ahí la pudimos ver con una venda en la mano.

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Aunque estas pequeñas criaturas parecían no ser muy amables, la reina tenía un gran cariño por ellos, así lo demostró hace unos meses cuando murió su último corgi. Que si bien, la monarca decidió que no criar a otro perro de esta raza, ya que sentía una inmensa tristeza cada vez que uno de ellos moría.