¿Te han salido imperfecciones espantosas y no sabes por qué? A lo mejor las culpables son tus brochas de maquillaje, sobre todo si no te acuerdas cuándo fue la última vez que las lavaste.

Recuerda que las cerdas de las brochas pueden ser un foco de bacterias y que, al no lavarlas, lo único que haces es embarrarte (literalmente) toda la grasa y suciedad acumulada una y otra vez sobre la piel. ¡Qué asco!, ¿no? Y bueno, ni qué decir de los famosos y desagradables ácaros. ¿Conclusión? Hay que lavar las brochas lo antes posible.

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Para lograrlo no necesitas muchos elementos, en realidad lo único que basta es agua y jabón de barra. Uno de nuestros favoritos es el jabón lirio. Sí, ese que usaban las mamás para lavar la ropa.

Entonces el paso número uno es remojar tu herramienta de forma horizontal en el chorro del agua. Luego da unas cuantas pinceladas en el jabón, vuelve a mojar la brocha y, en un guante de plástico de cocina que tenga textura en donde va la palma de la mano, realiza movimientos circulares. Repite estos pasos las veces que sea necesario hasta asegurarte de que no veas ningún rastro de residuo de maquillaje.

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Cuando hayas terminado, acuesta las brochas sobre una toalla para manos y déjalas ahí una noche (a lo mejor necesitarás un día entero). Pero bueno, la idea es que las dejes secar solas y evita a toda costa herramientas de calor como secadoras de pelo.

¿El paso final? Coloca un poco de alcohol isopropílico en un aspersor y cuando las brochas estén completamente secas rocía un poco de este ingrediente. ¡Y listo! Ahora sí tus brochas están cien por ciento desinfectadas y preparadas para usar directamente sobre la piel.